Qué es la ansiedad

Qué es la ansiedad

Nuestra vida está llena de preocupaciones, momentos y etapas que nos ponen a prueba. La mayoría de nosotros, en alguna ocasión, nos hemos podido sentir muy nervioso, sentir nuestra cabeza a punto de explotar y distintos síntomas de agotamiento físico. El estrés que podemos experimentar a lo largo de nuestra vida pone a prueba nuestros recursos cognitivos y, en ocasiones, desemboca en la aparición de unos síntomas característicos de la ansiedad. Veremos en este artículo qué es la ansiedad, sus principales síntomas y algunos puntos a tener en cuenta.

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una respuesta habitual que tenemos todas las personas para defendernos ante un peligro. Hace millones de años la vida estaba plagada de amenazas constantes para la supervivencia y disponer de recursos para salir airoso de las situaciones podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte.

El hombre primitivo que salía a cazar tenía que defenderse de los ataques de los depredadores y ante estos peligros, su cuerpo activaba una serie de mecanismos para sobrevivir (aceleración del ritmo cardíaco, tensión muscular, hiperventilación, dilatación de pupilas, etc). Como podemos ver, estos síntomas son muy parecidos a los que se disparan cuando dicho coloquialmente, sufrimos ansiedad.

Realmente no hablamos de ansiedad sino de respuesta de ansiedad, entendiendo como respuesta los síntomas que he mencionado anteriormente, ante un estímulo o situación. El problema hoy en día surge cuando reaccionamos ante los estímulos o eventos de nuestra vida como si fuesen un peligro real (un ataque del depredador).

Diferencias entre ansiedad y estrés

Coloquialmente empleamos los términos estrés y ansiedad para referirnos a las mismas situaciones. Vamos a ver como, aunque con ciertas similitudes, ambos conceptos guardan diferencias notables.

La ansiedad, como he mencionado anteriormente, es una respuesta que aparece tras una reacción de alarma ante una situación que interpretamos como peligrosa para nuestra supervivencia (por ejemplo, presentar un proyecto ante toda la empresa). Sin embargo, el estrés se produce porque los estímulos o eventos estresores superan los recursos cognitivos y las habilidades de la persona para desenvolverse satisfactoriamente (siguiendo nuestro ejemplo, esta persona considerará que no es lo suficientemente hábil para exponer, hacerlo bien, pensará que no le dará tiempo, etc).

El estrés puede ocasionar problemas a la persona que se encuentra en una situación estresante. Para entender mejor esto vamos a escoger el caso de Marta: adolescente de 17 años que gestiona con cierta dificultad los períodos de entrega de proyectos y exámenes. Pese a organizarse en sus tareas, vive estas épocas con mucho estrés, ha tenido en ocasiones algún ataque de ansiedad y ha llegado a preocuparse seriamente. Sin embargo, cuando acaba esta época su estrés desaparece.

¿Qué ha ocurrido? Únicamente ha desaparecido el estímulo o situación que ponía a prueba los recursos de Marta. En próximas ocasiones ella podrá lidiar mejor con su situación si adquiere más herramientas. Por ejemplo: puede aprender nuevas técnicas de planificación, técnicas de relajación, etc.

En cambio, cuando una persona tiene ansiedad aunque el estímulo o la situación desaparezca, esta persona seguirá teniendo dificultades. Por ejemplo con imaginar esas situaciones que teme, es cuando surgirán los problemas y todas las manifestaciones de la ansiedad aparecerán. Vemos como, por el mero hecho de imaginar esa situación, se dispararán sus respuestas de ansiedad.

En la actualidad ninguno de nosotros tiene que escapar del ataque de ningún depredador. El problema surge cuando la persona percibe esa situación como amenazante y entonces los síntomas característicos de la ansiedad aparecen.

El afrontamiento de la ansiedad requerirá el aprendizaje de una serie de estrategias y habilidades que permitan a la persona enfrentarse con éxito a las situaciones que le suscitan la respuesta de ansiedad. La ansiedad no va a desaparecer nunca, el objetivo consistirá en alcanzar unos niveles aceptables que le permitan pasar con éxito la situación.

Hoy en día, los problemas de ansiedad son de las problemáticas más frecuentes en la población. Los problemas de ansiedad son algo muy habitual por lo que merece la pena acudir al psicólogo y aprender a gestionar todas aquellas situaciones que pueden estar deteriorando tu calidad de vida.

Síntomas de la ansiedad

Cuando tu cerebro percibe un peligro, sea real o imaginario, se activa automáticamente tu sistema de alerta. Tu sistema nervioso autónomo (SNA) provoca distintos cambios fisiológicos con los que tu organismo se prepara para defenderse ante dicho peligro. Todos los síntomas que tu organismo activa tienen un único objetivo: asegurar tu supervivencia.

Tu sistema nervioso autónomo tiene dos ramas llamadas el sis­tema nervioso simpático (sistema que libera energía y prepara al cuerpo para actuar) y el sistema nervioso parasimpático (que devuelve al cuerpo a un estado normal). Veamos los síntomas de la respuesta de ansiedad en sus tres niveles:

Componente fisiológico

Algunos de los cambios fisiológicos y su función son los siguientes:

  • Tu cuerpo libera adrenalina y noradrenalina lo que provoca esa sensación de nerviosismo o inquietud.
  • Aumenta la frecuencia y la fuerza de los latidos de tu corazón. Así tus músculos disponen de más sangre toxinas con lo que te resultaría más fácil atacar o huir.
  • Hiperventilas es decir, respiras mayor cantidad de sangre y a mayor velocidad, preparando a tu cuerpo para luchar o huir. ç
  • La sangre se concentra en zonas corporales concretas que quizás necesites para sobrevivir. Por este motivo, otras zonas como las manos se quedan con poca sangre y notas ciertas sensaciones como temblores u hormigueo.
  • Menor salivación (boca seca).
  • Incremento de la sudoración.

Componente conductual

La tendencia es a huir de la situación para ponerte a salvo. Esto incluye evitar, escapar o hacer cualquier cosa que pueda ayudarte a librarte del ``peligro´´.  Pregúntate qué situaciones evitas para no pasarlo mal experimentando los síntomas que tanto te angustian. La evitación de actividades o personas puede acabar interfiriendo en tu vida o limitándola, causando un estado emocional bajo al perder las fuentes de gratificación u oportunidades nuevas en tu vida.

A veces permaneces en la situación  “de peligro”, aguantando sin huir o evitar, pero tu estado emocional es tan alto que se produce el fenómeno de la incubación. ¿Qué significa este fenómeno? Significa que la asociación aprendida entre el disparador (estímulo o situación ``peligrosa´´) y la respuesta de ansiedad se refuerza, volviendo a vivir la situación con mucho coste emocional, debilitando tus energías.

Quizás después de experimentar estas sensaciones físicas desagradables pienses que aprender a detectar tu temor a que se repita o estar atenta/o captando cualquier sensación interna similar a la que ya notaste en el pasado sea una idea aconsejable. Esta focalización en tus sensaciones internas se denomina autoobservación. Este mecanismo por el cual percibes los latidos de tu corazón o cualquier sensación interna con mayor detalle, sería un gran mecanismo de ayuda si el peligro fuese real. Ya hemos visto que los peligros en estos casos no son reales. Otros mecanismos como la hipervigilancia (estar atentos/as a cualquier indicio de peligro) y la anticipación negativa son respuestas normales cuando te enfrenas a una situación peligrosa.

Componente cognitivo

Este componente implica el conjunto de creencias, pensamientos e imágenes con contenido de peligro. La persona hace una interpretación automática  de la situación o de los síntomas físicos que le provocan el denominado: CÍRCULO VICIOSO. Los pensamientos negativos que se desencadenan son muy personales y dependen de la historia de aprendizaje de cada persona. Pueden manifestar distintos miedos: a hacer el ridículo, a parecer vulnerable en público, a recibir una crítica, a cometer errores, a decepcionar a alguien, a tener una enfermedad grave, etc. Veamos el círculo vicioso que se produce en la siguiente imagen:

Conclusiones

Como hemos podido ver en esta entrada, la ansiedad es una respuesta normal que tiene nuestro cuerpo para protegernos de las amenazas. Para lograr desenvolvernos eficazmente es principal contar con un entrenamiento y adquisición de habilidades y estrategias adecuadas que permitan que, poco a poco, te enfrentes con éxito a los estímulos o situaciones evocadores de ansiedad. Un entrenamiento psicológico te permitirá no sólo adquirir dichas herramientas sino aprender a gestionar las emociones que influyen en tu ansiedad, el manejo de los pensamientos y recuperar la autoestima que ha sido dañada.

Si tienes dudas o necesitas explicar tu caso no dudes en contactar conmigo. Trabajaremos juntos por tu cambio.

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